El mundo quiso que fuera así. Nos obligó a callar, amortiguaba los golpes. Nos hizo olvidar y olvidamos. La culpa se fundía con el humo, la tensión se resolvía una y otra vez, hasta acabar exhaustos. Y el intento de empezar algo acabó con todo lo que dejó en pie aquel vacío moral. Un salto emocional hacia el interior buscando algo que no quería sentir me devolvió a la conversación. Hacía frío en aquella terraza.
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